La austeridad, un cuento de hadas que llega a su final

Argentina – 28/04/2012 – La Nación – Pág. 4 – Tiempo de Lectura: 3′ 49»
 
Opinión
NUEVA YORK.- Durante los últimos dos años, casi todos los dirigentes de Europa y muchos políticos y expertos de América han estado subyugados por una doctrina económica destructiva.

Según esa doctrina, los gobiernos no deben responder a una economía gravemente deprimida con las recomendaciones de los manuales -mayor gasto para compensar la menor demanda privada- sino con austeridad fiscal, recortando brutalmente los gastos para equilibrar sus presupuestos.

Desde el principio, los críticos advirtieron que la austeridad en una depresión sólo agravaría esa depresión. Pero los «austeristas» insistieron en que ocurriría lo contrario. ¿Por qué? ¡Confianza!

«Las políticas que inspiran confianza alentarán en vez de obstaculizar la recuperación», declaró Jean-Claude Trichet, ex presidente del Banco Central Europeo. La idea era que el hada de la confianza recompensaría a los políticos y legisladores por su virtud fiscal.

La buena noticia es que muchas personas influyentes han empezado a admitir finalmente que el hada de la confianza era un mito. La mala noticia es que, pese a ese reconocimiento, parece haber pocas perspectivas de un cambio de rumbo a corto plazo, tanto en Europa como aquí en Estados Unidos, donde nunca adoptamos plenamente la doctrina, pero, no obstante, tuvimos una austeridad de facto bajo la forma de enormes recortes de gastos y de empleos.

Entonces, sobre esa doctrina: la fe en el hada de la confianza funcionó más o menos igual de bien para la Europa moderna como lo hizo para los Estados Unidos de Herbert Hoover, que era presidente cuando estalló la crisis financiera de 1929.

Hoy, en toda la periferia de Europa, desde la España de Mariano Rajoy hasta Letonia, las políticas de austeridad han producido recesiones del nivel de la Gran Depresión (de comienzos de la década del 30) y un desempleo similar también al de esa época, pero el hada de la confianza no se ve por ninguna parte, ni siquiera en Gran Bretaña, cuyo giro hacia la austeridad hace dos años fue recibido con aplausos por las elites de ambos lados del Atlántico.

Nada de todo esto es una novedad, ya que el fracaso de las políticas de austeridad es obvio desde hace tiempo. Sin embargo, los líderes europeos invirtieron años en la negación, insistiendo en que sus políticas empezarían a funcionar en cualquier momento y celebrando supuestos triunfos basados en las evidencias endebles.

Particularmente, los siempre sufridos irlandeses fueron aclamados como una historia de éxito no una sino dos veces, a principios de 2010 y en 2011. En esas ocasiones, el éxito resultó ser un espejismo; tres años después de la aplicación de su programa de austeridad, Irlanda aún no muestra indicios de recuperación real de la recesión, que llevó el índice de desempleo a casi el 15 por ciento.

Sin embargo, algo ha cambiado en las últimas semanas. Varios acontecimientos -el colapso del gobierno holandés por las medidas de ajuste propuestas; la fuerte posición conseguida por François Hollande, que se opone vagamente a la austeridad, en la primera ronda de las elecciones presidenciales de Francia, y un informe económico que revela que a Inglaterra le va peor en la recesión actual que en la de la década del 30- parecen haber derrumbado finalmente la muralla de negación. De repente, todo el mundo empezó a admitir que la austeridad no funciona. Ahora, la pregunta es qué van a hacer al respecto. Y la respuesta, me temo, es que no gran cosa.

Para empezar, aunque los «austeristas» parecen haber perdido la esperanza, no perdieron el miedo, es decir, siguen sosteniendo que si no recortamos los gastos, incluso en una economía deprimida, nos convertiremos en Grecia. Ahora, la afirmación de que sólo la austeridad puede pacificar los mercados de bonos demostró ser tan errónea como la afirmación de que el hada de la confianza nos traería prosperidad.

Han pasado casi tres años desde que The Wall Street Journal anunció, sin aliento, que había empezado el ataque de los vigilantes de bonos contra la deuda de Estados Unidos; no sólo los costos de los préstamos decrecieron, sino que en realidad bajaron a la mitad. Y algunos analistas serios ahora argumentan que la austeridad fiscal en una economía deprimida es probablemente autodestructiva: al reducir la economía y perjudicar los ingresos a largo plazo, la austeridad prácticamente empeora las perspectivas en vez de mejorarlas.

Pero aunque el hada de la confianza parece estar sepultada, las pavorosas historias sobre el déficit mantienen su popularidad. De hecho, los defensores de las políticas británicas desestiman cualquier pedido de repensar esas políticas, pese a su evidente fracaso en los resultados, alegando que cualquier relajación de la política de austeridad aumentaría mucho los costos de los préstamos.

De manera que ahora vivimos en un mundo de políticas económicas zombis… políticas que deberían haber caído ante la evidencia de que sus premisas están equivocadas, pero que siguen su avance arrastrando los pies. Y nadie puede adivinar cuándo terminará este reinado del error.

Traducción de Mirta Rosenberg
Por Paul Krugman | The New York Times
Rajoy, ayer, en Madrid. Foto: AP

(Información General – Editoriales y Opinión)
 

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